martes, 20 de abril de 2010

Y yo me pregunto


Cansancio. Recorro las calles intentando no mirar mi espalda. Estoy segura que no llegaré a verla, y en el intento perderé de vista el suelo que piso. No se presenta muy seguro bajo mis pies, quizás por eso debo estar más atenta. Las baldosas se mueven repentinamente, se alzan a la vez que alargo mis piernas, pareciera que pretenden hacerme caer. Las sorteo, y al voltearme veo sus sonrisas burlonas y la ira contenida.

Sin darme cuenta, en cada maniobra por evitar la caida me golpeo una y otra vez. El dolor me puede. No había visto el gran número de moratones que ascienden por mi cuerpo. Debería curarlos, al menos acariciar la piel para intentar calmar el dolor, pero mis manos están ocupadas. Avanzo sin descanso intentado recorrer el camino previsto, aunque... ¿previsto por quién?

Las fuerzas se acaban. Ya no sé si es a causa de lo andado, de los golpes, o de ambos. Quizás de mi tremenda estupidez. No me rindo, continuo. Por momentos se hace cada vez más peligroso seguir adelante, pero sigo. Los charcos lo inundan todo, lagunas que debo rebasar a nado dado que sus profundidades no me permiten cruzarlas de otra forma. Tengo frio. El pelo mojado está haciendo de las suyas pero no tengo tiempo para secarlo. Los pulmones se cierran. Me falta el aire. Los brazos ceden. La carga sigue. Ya no hay fuerzas para mantenerla.

2 comentarios:

  1. Buen texto que define intensamente lo difícil que se hace el recorrido de la vida muchas veces... la carga... esa carga que creemos nuestra... y aún siendo así, hemos de encontrar un descanso, una parada, donde lamer nuestras heridas, tomar el aire, soltar algo de peso... y seguir... seguir.

    Salud2 "Según se mire"

    ResponderEliminar
  2. Espero que sea un ejercicio literario y no un estado de ánimo.
    Ojalá que si.

    Saludos.

    ResponderEliminar